viernes, 13 de mayo de 2016

COMENTARIO.


En una sociedad como la capitalista, en la que la soledad y el desamor se han vuelto patológicos, es completamente comprensible que una persona ame más a su mascota, o incluso a sus plantas, que a los seres humanos, con los que apenas tiene relación, o, que de tenerla, habitualmente suele ser agria u hostil. 
Por otra parte, el sujeto promedio al que ha dado origen la hiper-hedonista posmodernidad, un individuo caprichoso y egocéntrico, siempre  mirará con mejores ojos a seres simples y dóciles, como las vacas o los asnos, que a sujetos con el mismo nivel de abyección que él mismo. 
Es muy probable que, dentro de 50 años, a la gente le resulte raro e incluso se escandalicen al ver a dos o más personas paseando juntas por la calle.

Blog Conspiración Abierta.

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