lunes, 15 de enero de 2018




RETRATO.


El sostén del Fascismo Democrático somos todos, todos los occidentales, sin duda «los más feos de los hombres».
A mí me parece que es ahora cuando la Democracia está empezando a mostrar su verdadero rostro, a desvelarnos sus intenciones; y que solo ahora, dominante, hegemónica, incontestable, sin la posibilidad de legitimarse por contraste, comenzando a hartar incluso a sus aduladores, nos va a sorprender con el raquitismo de su organismo y la malevolencia de sus propósitos. 

Ya ha mostrado algo de su lado oscuro, como un jirón
de su pequeña alma enferma: tiende a despolitizar a la población, ahuyentando a los ciudadanos de la política y dejando esa actividad en manos de reducidos círculos de hombres ambiciosos y corruptos, hombres mediocres cultivadores del cinismo.

La Escuela contribuirá al gran proyecto ideo-socio-psicológico del Capitalismo declinante: el exterminio planetario de la Diferencia, que habrá de disolverse en mera e inofensiva Diversidad, y la mundialización de una forma de subjetividad sencillamente monstruosa: el policía de sí mismo.

Pedro García  Olivo.

domingo, 14 de enero de 2018

ACLARÁNDONOS.


El término “Antropoceno” no solo no nos ayuda a detener esta cultura que destruye el planeta, sino que contribuye directamente a mantener los problemas que pretende abordar.

En primer lugar, es sumamente engañoso. 
Los humanos no son los que “transforman” – léase: destruyen – el planeta. Se trata de los humanos civilizados. Hay una diferencia. Es la diferencia entre los bosques antiguos y New York City, la diferencia entre 60 millones de bisontes sobre una vasta planicie y campos tapizados de pesticidas – y herbicidas – y de maíz genéticamente modificado. 
Es la diferencia que hay entre los ríos cargados de salmón y los ríos aniquilados por las presas hidroeléctricas. 
Es la diferencia entre culturas cuyos miembros se reconocen a sí mismos como uno entre muchos y los miembros de esta cultura que lo acaparan todo para su propio uso.

Siendo aún más claro: los humanos no destruyen los suelos. Son los humanos civilizados los que destruyen los suelos, y lo han venido haciendo así desde el comienzo de la civilización. 
Uno de los primeros mitos escritos es el de Gilgamés deforestando lo que hoy corresponde a Irak, talando bosques de cedros tan densos que la luz solar no alcanzaba a penetrar hasta el suelo, todo para poder construir una gran ciudad y, yendo al grano, para ganar renombre.

La palabra “Antropoceno” es una tentativa de banalización del asesinato del planeta pretendiendo que el problema es “el hombre” y no un tipo de hombre específico relacionado con esta cultura en particular.
El nombre también manifiesta el supremo narcisismo que ha caracterizado a esta cultura desde el principio.

Hacer uso del término “Antropoceno” alimenta ese narcisismo. Gilgamés destruyó un bosque y se hizo de un nombre para la ocasión. Esta cultura destruye un planeta y da su nombre a una era geológica. Que sorpresa.

Dicen que un signo de inteligencia es la habilidad de reconocer patrones (modelos). Bueno, pues los miembros de esta cultura no deben ser muy inteligentes. Hemos tenido 6.000 años para reconocer el patrón de genocidio y ecocidio que alimenta el narcisismo y la sociopatología de esta cultura y la situación solo empeora.
El narcisismo se extiende más allá del no creer que otras culturas existen. Incluye la creencia de que tampoco existen sobre el planeta otras formas de vida diferentes.

Recientemente escuché un astrónomo tratando de explicar por qué es importante explorar Marte. Señaló que la exploración nos llevaría a “responder la pregunta más importante de todas: ¿Estamos solos?”. 
En un planeta rebosaste de hermosa vida (por ahora), ¿plantea esta pregunta?. 
Tengo una pregunta más importante. ¿Está demente? La respuesta es sí. Es un narcisista y un sociópata.

El Antropoceno no da ninguna pista de los horrores que inflige esta cultura. “¿La era del hombre?” Oh, que simpático. ¿Somos los numero uno, no es así?.
Si vamos a nombrar a esta era, al menos seamos honestos y precisos. ¿Podría sugerir, “La era del sociópata”?.

Derrick Jensen.